POCO FASHION

martes, julio 11, 2006

CON TODOS USTEDES LOS NUEVOS TRIUNFITOS




La semana pasada me encontré con un programa que se emite los miércoles en la primera, el coro de la carcel. Llegué a el zapeando y como tantas veces buscando pasar el rato antes de irme a la cama tras haber perdido nuevamente la esperanza de encontrar algo decente. Me llamó la atención como experimento y allí me quedé, me lo papé entero. Me encontré una especie de Operación Triunfo con casting y todo pero a diferencia de bisbal y compañía sus protagonistas, obviamente ninguno con delitos de sangre, no tenían esa cara de felicidad que irradia la gente de clase media que a tenido una vida feliz, allí estaban los presos de una carcel haciendo un casting para formar un coro, aunque naturalmente no habrá nominados (aunque les encantaría ser expulsados). Me trasmitieron tanta ilusión cantando sus calorradas para salir en la tele unas semanitas y escapar así de la triste rutina de una carcel que me encandilé con ellos al final cantando a mocedades. Me parece una idea cojonuda, no son chavalines, no son famosetes, son esos malotes que podrían haber salido de nuestra barrio, los trapicheros, los hijos de nuestras vecinas que se metieron en la droga y acabaron robando y trapicheando, alguno podría incluso ser aquel tipo del barrio que nos volvía locas porque era guapo y malo. Y tienen en la cara las marcas de la mala vida y el sufrimiento pero también de la esperanza. No aspiran a grabar discos, sólo le piden a la vida una oportunidad. Ojala que todas las cárceles del mundo fuesen pequeños operación triunfo con cámaras a lo gran hermano y que todos supiésemos que a pesar de que se han equivocado y por eso están donde están, son tios con sentimientos, los mismitos que se liaban los porritos junto a nuestros portales y que alguién algo mayor les dijo un día que el caballo molaba y acabaron cabalgando hacia la desesperación, aquellos que salían en las canciones de los chichos. Los tiradetes, los yonkies, los chavales. He crecido en un barrio y conocido historias así y todavía puedo ver los semblantes tristes de sus madres, ya que la mayoría ya no volverán a ser los malotes del barrio, porque ni siquiera regresarán nunca a él, y aquellas camisetas de los Iron Maiden reposarán para siempre en el cesto de la plancha de una familia humilde, normal, la de cualquiera. Todo el mundo merece una segunda oportunidad.

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